Para algunos, la vida es un camino de rosas en el que las
cosas vienes por sí solas si las esperas y hay quienes viven siempre felices
con sus Pokémon. Pero, hay quienes, como yo, que no podemos esperar a que la
felicidad llegue hasta nosotros y nuestra vida, sí, es un camino de rosas, pero
en el que estas rosas, a diferencia del camino de rosas de la gente feliz, el
nuestro es un camino de rosas marchitas y necesitamos salir por ahí en busca de
rosas que sigan vivas o semillas para sembrarlas en nuestros campos para que
crezcan e intentar que no se sequen. En fin, mi historia trata sobre todo esto,
mi búsqueda, la búsqueda de esas semillas que tengo que sembrar en mis campos
para tratar de que mi camino no sea de rosas marchitas.
Si no quieres saber sobre mi vida no es necesario que sigas
leyenda mi historia, pero si quieres saber como es mi historia junto a los
Pokémon que he criado en busca de ese camino, prepárate para leer.
Todo empieza aquí. Antes de seguir leyendo, debes saber que
ciertos datos sobre el protagonista se irán sabiendo con el paso de los
capítulos. Es cuestión de no aburrir demasiado con mi vida…
Mekin, nacido en Pueblo Naranjo, el día 18 de Junio de 1988
D.A (Después de Arceus), hijo de Ana y Miguel, acababa de mudarse a Pueblo
Berenjena junto a su madre y su hermana Rachel tras abandonar otro pueblo en el
que habían vivido antes, Pueblo Pino, el motivo por el que se fueron de ahí se
sabrá en futuros capítulos. Simplemente fue por problemas personales.
Mekin no hizo más que llegar a Pueblo Berenjena y mientras
llevaba sus cosas a su nueva casa, su nuevo vecino Naxo se encontró con él y le
ayudó llevando algunas de las bolsas.
Tras acomodar las cosas en su habitación, Mekin charló con
Naxo y descubrieron que tenían en común una serie de aficiones y se hicieron
amigos.
A raíz de aquello, Mekin y Naxo quedaban casi todos los días
y solían salir por ahí a darse una vuelta. Cierto día, en uno de los recorridos
paseando, se toparon con un pequeño Growlithe que no se sabe si había sido
abandonado o simplemente se había separado de su camada por accidente.
No pudieron capturarle porque no tenían encima ninguna
Pokéball, pero fueron a casa y cogieron comida para él para que, por lo menos,
no pasase hambre.
Mekin se lo hubiese llevado a casa de no ser que su madre le
impidiera tener Pokémon si no estaban encerrados en su Pokéball.
Un día, Mekin fue a llevarle comida al pequeño Growlithe y a
su vez, fue atacado por un Beedrill salvaje del que Growlithe le defendió
usando Lanzallamas. Por lo visto, el pequeño nació conociendo Lanzallamas.
-Por lo visto, has nacido con Lanzallamas como Movimiento
Huevo. –Le dijo Mekin. –Gracias, Growlithe, por defenderme.
De repente, el cielo empezó a ponerse gris y unas gotas de
lluvia empezaron a caer, el frío cada vez era más imponente y Mekin vio que
Growlithe empezaba a temblar por dicho frío. Así pues, Mekin tuvo una decisión,
se lo llevaría a casa aunque fuese solo por aquella noche para que no pasara
frío. Al llegar a casa, su madre le regañó por traerlo a casa sin estar dentro
de la Pokéball, por lo que Mekin le dijo:
-Es solo por esta noche. Además, me gustaría pronto comprar
unas cuantas Pokéballs y a ser posible, usar una para capturarlo y hacer de él
mi primer Pokémon.
Al final, la madre de Mekin aceptó tener al Pokémon en casa
por esa noche al verle tan decidido.
A la mañana siguiente, Mekin se fue al instituto, tenía 16
años por aquel entonces y la gente de esa edad suele ir al instituto. Growlithe
le siguió hasta la puerta de la entrada y le esperó hasta la hora de salida.
Mekin, dentro del instituto tuvo un problema con un grupo de
chicos que solían meterse con la gente y le esperaron en la puerta a la hora de
la salida y al verle, le lanzaron unas Pokéballs de las que salieron un Machoke
y dos Machop para que le atacasen. Mekin no sabía que hacer hasta que Growlithe
se interpuso en medio lanzando un Lanzallamas contra esos Pokémon. Pero, a
diferencia de ellos, Growlithe no tenía suficiente experiencia en combates y
cayó debilitado al primer Patada Baja que le propinó Machoke. Después de eso,
se cebaron a darle golpes a Mekin y a Growlithe por igual hasta haber tenido
suficiente burlesca de los dos.
Mekin se levantó lleno de moretones por todos lados y
recogió a Growlithe del suelo y llegaron a casa para comer y en busca de un
botiquín para curar las heridas de ambos.
Al llegar, Mekin le contó a su madre lo ocurrido y ésta le
dio gasas, agua oxigenada y otros utensilios de curas. El botiquín solo
contenía utensilios para curar heridas de humanos y no de Pokémon. Por lo cual
se dirigió a un Centro Pokémon del pueblo en donde le dijeron que no podían
curar Pokémon que no estuviesen con su Pokéball. No sabía que hacer para
atender al pequeño Pokémon que se encontraba ahora herido por defenderle y se
sentía culpable de verle así, tan malherido.
Fue entonces, cuando su madre le dio dinero para comprar
unas cuantas Pokéball. Pues ella se sentía agradecida a ese Pokémon “perrito”
por defender a Mekin y le daba pena verlo así.
Por consiguiente, Mekin cogió una de las Pokéballs que
compró y le dijo a Growlithe:
-No se si quieres ser mi Pokémon o no, pero por favor,
acepta. Por lo menos, así aceptarán curarte en el Centro Pokémon. Si luego no
quieres seguir conmigo, no hace falta que lo hagas. Aunque es verdad que me
gustaría que fueses mi primer Pokémon. Además, el tipo Fuego es uno de mis
tipos favoritos.
A lo que el pequeño Growlithe respondió con un gesto que se
podía entender como una sonrisa con las pocas fuerzas que tenía y dando a
entender que no solo aceptaba para que le curaran, sino para ser el primer
compañero de Mekin en sus próximas aventuras. Terminado el gesto, Mekin le
acercó la Pokéball y el Pokémon la tocó con una de sus patas delanteras
entrando en la Pokéball y dejándose atrapar al primer movimiento de ésta.
Ahora, Mekin llevó su nuevo Pokémon al Centro Pokémon dentro
de su Pokéball y lo curaron.
A partir de ahí, Mekin salía con su Growlithe al que apodó
Rambo a entrenar luchando contra otros Pokémon salvajes de la zona haciendo que
ganasen experiencia juntos.

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